Por un ser humano más femenino

By Alú Rochya - agosto 14, 2021

Um ser humano mais femenino


 ◢  Alú Rochya 

Podría haber sido el matriarcado en vez del patriarcado, y la cosa iba a resultar más o menos en lo mismo. Toda unanimidad es burra. Pero fue el patriarcado, una mentalidad que no es específica de un género. En verdad se trata de un paradigma que puede corromper a cualquier persona. La mentalidad patriarcal es pasión por la autoridad, por el ego; es un complejo de violencia, excesos, voracidad, conciencia aislada y egoísta, insensibilidad y pérdida de contacto con una identidad más amplia, más profunda, más completa del ser Se manifiesta en la relaciones de dominio-sumisión y dependencia.

Rígida, normativa, autoritaria, la mente patriarcal -materialista y consumista- es la búsqueda insaciable de resultados y ganancias a corto plazo a través de su credo mayor: la competencia -que después deviene en confrontación y, finalmente, en guerra.

Ese paradigma es el que ha construído -y destruído- la sociedad humana, arrastrándola a un callejón sin salida. Y por no tener por donde seguir, este sistema ha encontrado su límite final. Sus bases y sus estructuras se resquebrajan, todo el andamiaje comienza a crujir y desmoronar. Un sistema de dominio mundial incapaz de dar, de minima, agua, comida, techo y amparo afectivo a todos los habitantes del espacio que controla, evidentemente, ha fracasado. Y deberá ser reemplazado por otro paradigma y otro sistema.

Ese nuevo paradigma no nacerá de la nada sino transformando el actual. Éste es pura energía yang, masculina y debe ser equilibrado con la energia yin, la energia femenina. Energéticamente, eso ya está aconteciendo, y la humanidad precisa alinearse con ese flujo, colaborar protagónicamente con ese movimiento de transformação, multiplicando la energía yin.

Hoy tenemos un asfixiante exceso de energia yang. Mucho macho, demasiada acción, mucha dureza, mucha geometría, mucha competencia. Hoy el ser humano necesita feminizarse, ser más femenino, para así compensar el excedente masculino y poder completarse a si mismo. Más amplio, más curvo, más blando, más húmedo, más fresco, más receptivo, más floral, más colaborativo.

En ese proceso de femenización es obvio que las mujeres están para cumplir un papel clave. Pero no será entrando en guerra con el sexo masculino que se logrará feminizar a la humanidad. Por el contrario, será haciendo las paces con los hombres y no repitiendo la fórmula machista de la confrontación. Por el mismo camino se termina en el mismo lugar.

Tampoco será promoviendo una suerte de gueto cultural poblado sólo por mujeres. Si bien el proceso de reconocimiento y afirmación de los humanos-hembras requiere en una primera instancia un ejercicio  de congregación entre semejantes, trazar una línea de frontera con los hombres resulta altamente contraproducente. En primer lugar, se genera un aislamiento que hace de las reivindicaciones de las mujeres una cuestión sectorial y no de la sociedad en su conjunto, lo que debilita el objetivo de feminizar a todos los seres humanos. En segundo término, se estimula a los hombres a atrincherarse en sus creencias erradas, temerosos de perder espacio, protagonismo e identidad.

Sin perder la combatividad ni los ejercicios catárticos de los movimientos feministas de las últimas décadas, resulta recomendable que las mujeres mantengan, expresen y apliquen las caraterísticas de su energía yin/femenina apelando a la paciencia persuasiva, la fundamentación con argumentos y el convencimiento de las ventajas que la feminización también traerá para el humano-macho -y, por ende, para el conjunto de la humanidad- incentivando a los hombres a ser partícipes necesarios y activos de esa imprescindible transformación, caminando juntos, de manos dadas, sin divisiones ni fronteras.       

Promover un humano más femenino no es un reclamo de faldas y taco alto sino una necesidad, un  compromiso y una tarea a ser asumida por todos. Al final de este cuento toda esas denominaciones que diferencian sexos y géneros desaparecerán. Surgirá un humano más integrado y total, masculino/yang y femenino/yin. Todo está compuesto por estas dos energías. Cuando una de ellas impera sobre la otra se produce el desequilibrio. Ambas energías deben estar jugando entre ellas en un movimiento alternado de expansión y contracción, según las circunstancias y necesidades. Así seremos más armónicos y más eficientes. Y viviremos más en paz, con más amor, en una sociedad que nos ampare y nos abrigue a todos por igual.✤

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